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Velocidad a ritmo de reggae
POR EUMAR ESAÁ/FOTOGRAFÍAS AFP 
Ni las playas soleadas de Montego Bay, ni el dread-look con el que los rastafaris distinguen sus cabelleras, ni los sound systems que convierten a la isla en un concierto permanente por las cuatro esquinas, ni los porros gigantes que sólo los fiesteros locales parecen aguantar sin caer al suelo… Tal vez sólo la música reggae y el legado imperecedero de Bob Marley identifiquen tanto a Jamaica ante el mundo como las zancadas de sus velocistas, que en Beijing 2008 deslumbraron con récords y hazañas nunca antes vistas en el deporte rey de los Juegos Olímpicos, el atletismo.
Varios hitos se enredaron y rodaron en las piernas de Usain Bolt, Veronica Campbell, Shelly-Ann Fraser, Asafa Powell y Melaine Walker el verano pasado en el Nido de Pájaro, y el mundo todavía trata de encontrar explicación para una explosión que se veía venir hace mucho, pero no por eso dejó de ser abrumadora.
La herencia de la centella. No falta quien atribuya a un azar genético el dominio jamaiquino en la velocidad, remontándose a los tiempos en que la isla era una de las primeras paradas de los barcos negreros provenientes de África, que dejaban en las plantaciones locales a los mejores “ejemplares”, hombres de pies fuertes y abiertos acostumbrados a cubrir en pocos trancos las sabanas nativas.
Tal vez tenga algo de cierta la hipótesis de la selección natural, así como la teoría científica del Actinen A, la “proteína de la velocidad”, una sustancia que fue encontrada en el 70% de una muestra de 200 corredores jamaiquinos estudiados por la Universidad de Glasgow, y que explicaría el extraordinario rendimiento de los músculos de contracción rápida de Bolt y compañía.
Pero la verdadera explicación está en un sistema pionero en el mundo, que ha hecho de una pequeña isla de menos de tres millones de habitantes, y con una sola pista sintética en todo su territorio, una potencia mundial.
Al kinder con las púas. Mientras que el exitoso sistema deportivo de los estadounidenses se inicia ya en la universidad, en poco más de una docena de disciplinas estratégicas, para Jamaica el programa comienza desde el preescolar, exclusivamente en un sector del atletismo.
“Siempre se cree erróneamente que nos concentramos sólo en velocidad”, comenta Danny Hawthorne, entrenador jefe de las selecciones juveniles de Jamaica y de la Universidad Tecnológica que forma a los preparadores de la isla, quien visitó Venezuela recientemente para impartir un campamento de velocidad. “La verdad es que tenemos grandes atletas en todas las áreas, pero como característica desarrollamos la fuerza rápida (lanzamientos, saltos y velocidad) porque nuestro biotipo y la composición de la fibra muscular se adapta. Estamos capacitados naturalmente y lo capitalizamos”.
El fenómeno jamaiquino es la mejor expresión de un programa pionero que también ha inspirado a otras islas del Caribe Negro, como Trinidad y Tobago, Saint Kitts and Nevis (tierra del ex campeón mundial Kim Collins) o Bahamas: la certificación de entrenadores que la Confederación Centroamericana inició en 1980.
“Los programas de desarrollo fueron copiados en todas las islas”, explica Víctor López, presidente de la este organismo y de la Comisión de Entrenadores de la Iaaf. “La Confederación comenzó la preparación sistemática de entrenadores antes incluso que la Iaaf, que luego usó ese programa como modelo”.
Modelo único. No hay más que observar la final olímpica de los 100 m planos. Aparte de los estadounidenses Walter Dix (medallista bronce) y Darvis Patton, los otros seis corredores exhiben pasaportes del Caribe Negro: los jamaiquinos Bolt, Powell y Michael Frater, el trinitario Richard Thompson y Marc Burns, y Churandy Martina de Antillas Holandesas. Para completar el ejercicio, basta comparar el estilo de carrera de Bolt, Powell y Frater: idéntico en casi todos sus detalles.
Y es que el sistema deportivo de Jamaica tiene como distintivo un modelo único que se aplica desde la formación del entrenador hasta el programa olímpico, pasando por el preescolar, la primaria y el bachillerato, donde empiezan a perfilarse los campeones.
“El programa está planificado desde que los entrenadores están estudiando, enfatizando la aplicación de ciencias como la biomecánica, la anatomía, la fisiología y la bioquímica”, abunda Hawthorne.
El sistema produce además una camada de pequeños veteranos. “Los atletas desarrollan una larga historia deportiva acumulada”, agrega el jefe técnico de los juveniles.
En Jamaica podrá haber mucha fiesta y mucho reggae, pero la planificación en el atletismo es a largo plazo y muy cuidadosa: en la educación media los atletas cumplen planes de un año, cuando pasan a juveniles (donde Bolt fue campeón mundial de 200 m apenas a los 15) se les diseñan sistemas de dos años, y para los olímpicos el programa es de cuatro.
El entrenador de Bolt, Glen Mills, ofrecía en Beijing su visión del fenómeno. “Si viene a nuestros campeonatos nacionales de escuela secundaria, verá a 2000 ó 3000 muchachos compitiendo en todas las disciplinas del atletismo, pero los resultados salen en la velocidad, más que en ninguna otra disciplina”, afirmaba en una conferencia de prensa.
A diferencia de años pasados, los atletas jamaiquinos ya no emigran, y enarbolan con orgullo esa decisión, rechazando las ofertas de las universidades estadounidenses como una forma de expresar su confianza en el sistema local.
Festival en la pista. Jamaica se ha beneficiado también de una tradición caribeña que ha elevado el nivel del atletismo en toda la región: los Juegos Carifta, que año tras año desde 1972 reúnen a los mejores sub-17 y sub-20 de las islas.
“Son competencias muy intensas”, relata Víctor López. “Los Comités Olímpicos Nacionales y los ministerios del Deporte se preparan como si fueran unos Olímpicos. Se genera patrocinio, un gran movimiento turístico, hasta se rentan vuelos charters para la cantidad de gente que viene. Jamaica se nutrió mucho de ese plan”.
Hoy, la influencia de los Carifta ha beneficiado a otros países como Saint Kitts, Bahamas, Barbados y Grenada, que han roto la habitual hegemonía de trinitarios y jamaiquinos, y está permeando incluso a República Dominicana.
Además, hay una motivación social que potencia todo el fenómeno, como sucede con el fútbol en Suramérica o con el beisbol de nuestro país: “El atletismo es practicado por gente de bajos recursos, y se convierte en una fuente de movilidad socioecómica, que impulsa a la gente”, remata Hawthorne.
Con semejante combinación de circunstancias, no hay que apelar a historiadores ni a genetistas para explicar por qué el atletismo mundial baila reggae cada día mejor.
Publicado en la edición Nº 21 de Podium
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Ocho equipos, ocho fanaticadas, ocho idiosincrasias
Las aficiones de cada uno de los clubes que conforman la Liga Venezolana de Beisbol Profesional tienen sus particularidades, sus rasgos distintivos, aunque las hermane el tronco común de la pasión por la pelota
POR CARLOS VALMORE RODRÍGUEZ
El sentimiento por el beisbol en Venezuela se vierte en un solo vaso de devoción, aunque bajo distintas advocaciones. Se venera a la misma deidad de la pelota y el bate, solo que los ritos son diferentes según la afición. En el país hay ocho clubes, cada cual con un séquito que vive su pasión de manera particular. En cada fanaticada, una idiosincrasia, en cada plaza una cosmovisión. Un prosélito de los Leones del Caracas no es igual a uno de los Tiburones de La Guaira. Aquí nos aproximaremos a los rasgos distintivos de estas religiones seculares, y lo haremos de la siguiente forma: primero, la visión desde afuera, la lectura desde la barrera. Luego un seguidor de cada elenco describirá a la grey a la cual pertenece, autodefinirá a su barra. Así ustedes podrán juzgar qué tanto se parecen ambas percepciones.
Leones del Caracas: exigencia y altivez
El fanático de los Leones del Caracas es un pésimo perdedor. Malacostumbrados a ganar casi siempre (el Caracas es la divisa con más títulos en la LVBP), los seguidores de los Leones no digieren las derrotas. Siempre se ufanan de su deslumbrante palmarés. Entre los partidarios de los otros clubes se les ve como arrogantes, altivos y malcriados. Eso sí, son consecuentes. Siempre van al estadio, así sea a tupir de maldiciones a sus jugadores o a pedir la cabeza del mánager a la primera crisis de resultados. Sus umbrales de tolerancia son reducidos, mientras que su apego a las glorias pasadas es prominente.
La perspectiva del fanático 
“Para mí es la fanaticada más fiel del país, después de la de los Tiburones. Es verdad, somos un poco malcriados, pero siempre vamos al estadio, estemos perdiendo o no. Nos parecemos al fanático de la película Grandes Ligas, que iba todos los días al estadio a insultar a la “Cosa Loca”, pero siempre estaba allí, a diferencia del seguidor de Cardenales, que solo apoya a club cuando gana. Somos muy exigentes, muy estrictos e impacientes. Somos orgullosos de nuestra tradición, de ser caraquistas. Para nosotros perder es una cosa de muerte. En eso somos distintos a los magallaneros, que se toman las derrotas con más calma”.
Jorge Alberto Rodríguez (26 años, médico)
Navegantes del Magallanes: las mayorías
Negro, adeco y magallanero. Esas tres condiciones solían asociarse con la esencia de la venezolanidad, se les consideraba características de las mayorías nacionales. Así como el caraquista se envanece de respaldar al elenco más ganador, el magallanero se enorgullece por ser el rebaño más numeroso. Más tranquilo y relajado que el espectador de los melenudos, el devoto de la nave es, sin embargo, distinto según el lugar donde esté. No es igual el ardoroso magallanero de Caracas que el flemático de Valencia.
La perspectiva del fanático
“El magallanero digiere mejor los fracasos. Quince años sin títulos hicieron que la gente se acostumbrara a las derrotas. En cierta forma, la diferencia entre el fanático del Magallanes y el del Caracas se asemeja a la que existe entre los que apoyan a los Mets y los que respaldan a los Yanquis. El magallanero es más viva la pepa, se burla mucho de sí mismo. Sonará a cliché, pero es fiel reflejo de la idiosincrasia nacional. El magallanero, como el venezolano, se lo toma todo a joda. Si pierde no se echar a llorar por los rincones. El magallanero no bota mánagers, como sí lo hace el caraquista”.
Antonio Guerra (periodista, 32 años)
Tiburones de La Guaira: alegría y lealtad
El guairismo constituye un verdadero fenómeno cultural, único en la pelota venezolana. Es el elenco de los intelectuales, sobre todo de izquierda. El guairista no se enorgullece de seguir a la franquicia más ganadora, tampoco le interesa encarnar un sentimiento de masas. Al contrario: se da bomba con su condición de minoría, de cofradía selecta, de vanguardia esclarecida. Se considera un fanático culto y reclama un beisbol bien jugado. Desarrolla con el pelotero de la divisa una relación cercana, basada precisamente en el hecho de que los guairistas son pocos, pero mejores. Por eso gozan tanto cuando van al estadio, así pierdan. Porque se sienten una familia.
La perspectiva del fanático
“Somos los fanáticos más fieles del deporte mundial, tal vez los únicos que se nos atraviesen en eso sean los de los Cachorros de Chicago. Es la más entregada y la que más conocimiento tiene del juego. Este equipo lleva veinte años dando risa y la gente le sigue yendo al estadio y hasta genera fanáticos nuevos. Creo que el buen fanático se mide en los malos momentos, no en los buenos. Siempre mantiene la alegría y sabe que es el mejor fanático”.
Carlos Ernesto Ruiz (comunicador social, 33 años)
Tigres de Aragua: fidelidad
Nadie puede decir que los tigreros llenan el estadio José Pérez Colmenares ahora, cuando son la potencia hegemónica de la Liga. Pasaron casi treinta años sin saber de un título y siempre estaban allí, aplaudiendo, aupando. No es el fanático culturoso de La Guaira, o el vanidoso caraquista, o el populachero magallanero. Es más bien un aficionado liviano, que no hace del juego una guerra. Por eso es raro vez agresiones a peloteros de otros clubes en Maracay. El tigrero se lo toma como es: como un juego, como una diversión.
“Es una afición muy fiel. El fanático promedio de los Tigres pasó casi toda su vida sin conocer un título y sin embargo se mantuvo allí. Eso no es fácil. Ahora, cuando llegaron los campeonatos el ambiente es más de bochinche. Hemos asumido estas victorias sin arrogancia, no nos metemos con nadie, salvo con los magallaneros, porque con ellos hay una rivalidad de muchos años que puede compararse con la que existe entre Caracas y Magallanes”.
Hilmar Rojas (33 años, periodista).
Cardenales de Lara: vehemencia
Estos aficionados le cayeron a piedras a los jugadores del Caracas y le dañaron el carro a Luis Sojo, pero a la vez le dan carácter semidivino a las estrellas del club. El fanático cardenalero es uno de los más agresivos e intemperantes que hay, y suelen darle la espalda a los pájaros rojos cuando empiezan a perder. Ahora, pocas aficiones le meten tanta presión al adversario como ésta. Son apasionados, como lo denota el color de la camiseta crepuscular.
La perspectiva del fanático
“Es una afición muy dura. Si la de La Guaira es alegre, la de Lara es así: dura, pero noble, aunque me disgusta que cuando el equipo pierde, y más apoyo necesita, la gente le da la espalda. Los fanáticos suelen ser groseros con los peloteros y muy hostiles con los visitantes, sobre todo con el Caracas. Eso pasa porque, como Caracas nos jodió tanto en los ochenta, nos ganaba partidos increíbles, ahora la gente se goza con todo los triunfos”.
Luis Vergara (27 años, médico)
Águilas del Zulia: agresividad
Cuando se la juran a alguien, no lo sueltan. Los seguidores de las Águilas del Zulia compiten con la gente de Cardenales en agresividad para con el adversario, pero también para con su equipo si se mete en la pelea. En los últimos dos años se ha incrementado su presencia en el Luis Aparicio El Grande.
La perspectiva del fanático
“El del Zulia es un fanático apasionado, pero tiene la característica de que solo va al estadio cuando el club está ganando. La gente va más por moda que por conocimientos de beisbol. De hecho el aficionado de las Águilas, en general, no sabe mucho de pelota, no son fanáticos así, a muerte. Creo que si la Polar no montara los shows que hace en el estadio iría mucho menos gente”.
Hugo Vílchez (empresario, 39 años)
Caribes de Anzoátegui: apatía
Es difícil entender a los seguidores de Caribes. Les llevaron un equipo a Puerto La Cruz, que luego se volvería ganador, y aún así los aborígenes juegan casi a puertas cerradas en muchos casos. Por eso hubo voces que sugirieron una mudanza a San Félix.
La perspectiva del fanático
“Esta fanaticada toma prestados muchos cánticos y consignas de Marinos de Anzoátegui porque aquí el baloncesto tiene un gran arraigo. Aunque la gente va poco al parque hay un grupo de seguidores que son muy fieles. Se ponen detrás de primera y siempre están ahí. A veces hasta salen de gira con Caribes. A esos fanáticos les da mucha rabia que Caracas y Magallanes sean home club en el Puerto y por ello meten bullan adicional contra ellos. Esta es una fanaticada en crecimiento, pues se necesita una generación más que haya nacido como aficionado de Caribes, a diferencia de la actual generación, que en muchos ya tenía equipo cuando el club apareció. También hace falta un título que atraiga”.
Carlos Corredor (periodista, 24 años)
Bravos de Margarita: en construcción
Aún es difícil radiografiar a los fanáticos de Bravos porque apenas tenemos una muestra de un año, que no es representativa. No obstante, sí puede verse que hubo feeling inicial entre la franquicia y la gente, como lo demuestran los altos índices de asistencia al Guatamare en la edición 2007-2008.
La perspectiva del fanático
“El equipo tuvo mucha publicidad en la isla y la gente respondió. También ayudó que pusieron chévere el estadio, que pusieran bastante seguridad allí, y que las entradas fuesen accesibles. En la afición de Bravos hay un poquito de todo: caraquistas, magallaneros, que ahora son de Bravos”.
Alejandra Rodríguez (médico, 23 años)
Publicado en la edición Nº 20 de Podium |
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Podium más que una Revista.
Grupo Podium C.A., creado en el año 2006 y concebido como empresa editorial, ha realizado publicaciones destacadas, muy ligadas al sector deportivo, y al área de salud. A continuación pueden observar, las portadas de las ediciones realizadas:
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